Vulnerables no solo por edad: por carga viral, genes y males

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“Era un hombre joven, no tenía ninguna enfermedad”. Mery Quijije dice esto al recordar la muerte de su cuñado Israel, de 38 años, víctima del COVID-19, a fines de marzo pasado, en el sector conocido como Cisne 2, en el suburbio oeste de Guayaquil.

Israel, cuenta ella, empezó con síntomas gripales: congestión nasal, dolor de cabeza y picor en la garganta. “Él pensaba que era una gripe cualquiera; no se cuidó, abría la refrigeradora, tomaba cosas heladas, andaba por la calle sin mascarilla…”, dice Mery, de 42 años, mientras relata los esfuerzos que hicieron para ingresarlo a un hospital cuando la tos, la fiebre y los ahogos ya no se pudieron controlar en casa.

Todo fue inútil, Israel no llegó a un hospital. Su corazón no resistió la falta de oxígeno, se paralizó, y falleció en casa en medio de la angustia de sus familiares. “Se me parte al corazón, su mamá no acepta su muerte, habla de él como si aún estuviera vivo”, dice Mery sorprendida porque la muerte tocó a su joven cuñado cuando toda la familia cuidaba a los padres y abuelos, los más vulnerables a la pandemia de coronavirus.

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